LOS NACIONALCATOLICISMOS

Llevo tiempo convenciéndome de que el catolicismo no es una religión internacional, a pesar de estar presente en tantos países. La primera prueba de esto me la aportó el catolicismo italiano en contraste con el español. A fuerza de ver arte renacentista y muchas iglesias , me percaté de que el color era muy diferente. Un sólo ejemplo: Piero della Francesca pinta a Jesucristo envuelto en un manto rosa o a la Virgen embarazada y a punto de dar a luz, dentro de un vestido color azul añil, a cuyos pies dos ángeles la acompañan, uno con un vestido verde y calcetines rojos, el otro con el vestido rojo y los calcetines verdes.

El catolicismo italiano es arte, es belleza, o sea apariencia. No puede separarse de un gusto por el refinamiento, por la elegancia. Muchos turistas se sorprenden al ver las boutiques de ropa eclesiástica. La  boutique del Papa, cerca de la piazza della Minerva, en Roma, está indicada, para reconocimiento de los transeúntes, con la papalina blanca en el escaparate. En honor a la verdad hay que decir que la sofisticación ridícula de los tiempos del Papa Benedicto XVI (el escaparate se parecía a los que se montan poco antes de la fiesta de las Fallas en Valencia, con zapatos hechos del mismo tejido de hilo dorado o de oro con el que están hechos los trajes; en el caso del Papa, la casulla y los zapatos a juego) se ha limitado con el Papa Francesco. De todas maneras, los calcetines de hilo de Escocia en diversos tonos púrpura y rojo y los pañuelos de seda permanecen.

Poco o nada semejante en el catolicismo español. Más oscuridad y más pobreza dentro de las iglesias. Reservamos el color vistoso para las fiestas religiosas fuera de las iglesias: las procesiones y los pasos, las ofrendas y las peregrinaciones pueden estar llenas de música y de alegría, de luz, incluso de riqueza. Es como si frente al puro artificio luminoso del catolicismo italiano, el español separara la luz de la oscuridad, manteniendo ambas presentes, complementarias.

Hace unos días vi la película “Filomena” de Stephen Friars, basada en la historia real de una mujer irlandesa católica. Aun cuando no es el primer relato que conozco acerca del comportamiento de la iglesia católica irlandesa, no dejó de chocarme le extrema crueldad de alguno de sus extremos. En el nacionalcatolicismo irlandés todo parece oscuro como el clima. Quizá se ha conformado de ese modo al tener que combatir contra la crítica de la Reforma Luterana. El luteranismo se horroriza ante lo que denuncia como culto pagano a los ídolos y estatuas, como uso talismánico y mágico de ciertas prácticas y quiere volver a la seriedad de una religión basada en el interior de uno mismo, sin algarabías ni boutiques, sin fiestas y sin ostentaciones.

Los católicos irlandeses han tenido que demostrar probablemente que ellos también eran serios. Y eso los ha puesto más cerca de la  falta de compasión: han mezclado la conciencia y la responsabilidad personal luterana con un dogma católico más rígido en cuanto a las costumbres. Quiero decir que si uno es católico, puede aligerarse del peso de sus obligaciones gracias a la confesión, pero si la confesión está siendo criticada por tus compatriotas luteranos como un modo indigno de comportarse, el resultado puede llegar a ser un monstruo, mezcla de principios muy rígidos y falta de perdón.

Vaya que si eres católico, más te vale ser del Sur, de países en los que el clima es solar y el sol sigue entrando en las vidas de las personas a través del arte o de la fiesta. Camus hablaba con razón de una injusticia innombrada, la del clima, y afirmaba que ser pobre en la periferia de París era más miserable que serlo en Argel porque la pobreza con sol era más llevadera. Los nacionalcatolicismos italiano y español son más solares que el irlandés.

Me queda una duda: ¿Gallardón es irlandés? 

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Una respuesta a LOS NACIONALCATOLICISMOS

  1. Amparo Tuson Valls dijo:

    ¿Y qué decimos de Rouco Varela y sus “hermanos”? Son de aquí, querida amiga, y seguramente hubieran sido un orgullo en la Irlanda de los tiempos más “oscuros”. La conferencia episcopal española es de lo peorcito.

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