La importancia de un testimonio

He leído, en un estado de completo arrebato, el diario que Victor Klemperer escribió entre los años 1933-1945 Quiero dar testimonio hasta el final. Catedrático de Filología en la Universidad de Dresden, de origen judío pero convertido al protestantismo, casado con una mujer aria, sobrevivió en Alemania -milagrosamente puede decirse- al exterminio. Su destino hubiera sido muy diferente si su matrimonio no hubiera sido “mixto” e incluso si no hubiera estado marcado por una inmensa suerte: en febrero de 1945, cuando sólo quedaban en Dresden 60 hebreos (todos ellos en la misma condición de matrimonios mixtos) en una ciudad de 600.000 personas, y el final de la guerra estaba a la vuelta de la esquina, estos últimos recibieron la orden de “deportación”, eufemismo tras el que se ocultaba su asesinato en un campo de concentración; esa misma noche, 13 de febrero, Dresden quedó totalmente destruida por la aviación aliada y Klemperer salió ileso, se arrancó la estrella del abrigo y huyó. Como en una novela de aventuras, nuestro protagonista, después de tantas vicisitudes a lo largo de los 12 años que duró el nazismo, sobrevivió y tuvo un buen final.

Pero lo sorprendente es que no es una novela de aventuras, aunque pueda ser leída con tanto entusiasmo como El conde de Montecristo. Lo que convierte estos diarios en un documento único es el hecho de que existan, de que esos cuadernos y folios, en los que sistemáticamente y sin que le fallara el ánimo Klemperer dio testimonio diario de una tiranía, hayan llegado hasta nosotros. Hasta ahora, que yo sepa, sólo habíamos podido leer un diario, el de Ana Frank. Pero se trataba de una chica muy joven, y su experiencia era muy limitada. Victor Klemperer ya tenía más de 50 años cuando Hitler subió al poder en 1933, y además era un escritor, un profesor acostumbrado a tomar notas y a referir con exactitud aquello que le interesaba. Y el resultado ha sido este libro que vio la luz tan sólo en 1995, la edición española es de 2003.

Con todo lo que sabemos acerca del período del nazismo, con todas las películas y libros que llevamos a nuestra espaldas, es increíble que los detalles de la narración de Klemperer nos sorprendan. Mientras lo leía, me preguntaba cómo era posible que continuamente tuviera la sensación de adentrarme en un universo desconocido. Creo que la respuesta es esta: no es lo mismo, ni mucho menos, escribir un libro cuando todo ha pasado que mientras está pasando. Porque cuando todo ha terminado, el final da un sentido determinado a lo que lo precede y se hace entonces una reconstrucción que ayuda a nuestra razón a seguir los acontecimientos de un modo causal. Lo han dicho tantos filósofos, yo me lo he repetido tantas veces, pero sólo ahora creo haberlo entendido y gracias a este libro. Arendt dice que el sentido de una vida y de una historia sólo se conoce al final, Bergson denuncia nuestra pasión por el uso del futuro anterior para llevar a cabo una explicación racional de lo que sucede – y esto no son sino los dos ejemplos que se me vienen a la cabeza. La idea es siempre la misma: no contamos las cosas de la misma manera mientras las vivimos que después, una vez vividas. La pregunta del millón es esta: ¿cuál de las dos es más verdadera?

Me inclino por el testimonio. Les dejo a los historiadores que ellos decidan en el plano científico, aunque pienso que me gustan aquellos que justamente se aproximan a este tipo de materiales para saber qué pasó realmente. Porque lo que pasó no sólo está en los hechos contables sino en lo que la gente pensaba y hablaba, en los sentimientos con los que la gente vivía lo que vivía. Y todo eso, si no hay constancia diaria, se lo lleva el viento. Sin embargo, cuando queremos entender por qué sucedió esto o aquello, si no tenemos en cuenta que las personas concretas no sólo actuaban sino que también reían, lloraban, se desesperaban, tenían miedo, no podremos llegar al fondo de la cuestión.

Pongo a continuación, y en modo alguno de manera exhaustiva, algunas de las cosas que el libro de Klemperer me ha hecho descubrir:

1.- En todo momento, los alemanes (tanto hebreos como arios) entienden que la alternativa política es bolchevismo o nacionalsocialismo, y para una gran mayoría es preferible el nacionalsocialismo (sobre todo antes de la guerra). El liberalismo, la democracia, ni se contemplan.

2.- Entre la gente que se opone al régimen hitleriano existe un sentimiento desde el inicio (1933) de que no puede durar: porque son payasadas lo que hacen los nazis y la gente se dará cuenta o porque dicen mentiras abiertamente y la gente dejará de confiar en ellos.

3.- El antisemitismo estaba arraigadísimo en el pueblo alemán. Esto no lo desconocía, pero sí en cambio el modo en el que Hitler se aprovechó de él. Un ejemplo: cuando las tropas aliadas desembarcan en Normandía, los periódicos alemanes escribían en sus titulares “Judíos en Normandía”. En ningún momento el enemigo fue francés o inglés o norteamericano o ruso, sino judío y bolchevique. Klemperer preparó durante todos esos años un libro que publicó en 1947 acerca de la lengua del Tercer Reich.

4.- Las leyes antisemitas fueron un largo e interminable goteo irracional y cruel, del que sólo los hebreos tuvieron conocimiento al tener que aplicárselas: todos los hebreos tenían que llamarse “Israel” si eran varones o “Sara” si eran mujeres, y ese nombre tenían que añadirlo forzosamente al suyo primero; prohibición de conducir vehículos, de tener máquinas de escribir, animales domésticos o plantas; obligación de dejar sus casas y darlas en alquiler (risible) a un ario. Se me dirá que todo eso y mucho más lo sabemos por los libros de historia, pero con Klemperer lo vives: como cuando tiene que matar a su gato, o dejar de usar su coche, o firmar con un nombre que no es el suyo.

5.- La vida cotidiana para los hebreos está reglamentada a través de la organización de la Comunidad Judía. Si un hebreo quería arreglar su aspiradora, o si quería cortarse el pelo, o ser atendido por un médico, las autoridades hebreas eran los destinatarios de estas demandas. Inmediatamente se entiende la situación de poder que se creó: Klemperer se lamenta de que al no ser hebreo creyente, sus peticiones quedan en muchos momentos relegadas; los jefecillos se aprovechan de su poder concediendo más a los “suyos”; hay chivatos que denuncian supuestas ventajas de algún hebreo sobre otros, etc… Todo el elenco de la debilidad y de la miseria humana, doblemente pesada cuando se sufre a manos de las propias víctimas.

El libro, en sus más de 1500 páginas, contiene eso y mucho más. Pero mi objetivo es que los que habéis leído este post, os precipitéis a comprar el libro. Todavía quedan calurosos días de verano ante nosotros.

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2 respuestas a La importancia de un testimonio

  1. Amparo dijo:

    Magnífica reseña. Reflexiones muy interesantes. No conocía ni al autor ni su obra. La buscaré. Gracias por la recomendación.

  2. Lola dijo:

    Muy interesante, y eso que no estaba dispuesta a leer más son sobre el tema. Si no hay aportaciones nuevas es seguir para nada (machacarse). Con todo esto será otra cosa…¡espero!
    ¡Por fin en Atenas!

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