La sombra del leninismo (y una nota sobre los “grillini”)

La revolución rusa nos dejó en herencia, a las izquierdas posteriores, dos modelos: uno sobre el modo de llegar al poder y otro sobre el modo de organizarse. La toma del Palacio de Invierno y el  partido de los bolcheviques. Lenin teorizó ambos. Acerca del modelo de revolución, al inicio, la victoria rusa era una novedad absoluta, por lo que el movimiento socialista se escindió y dejó por un lado a los defensores del parlamentarismo y por otro a los partidarios de la dictadura del proletariado. Cuando, pasado el tiempo, la revolución rusa se presentó a los ojos del mundo entero como una dictadura aterradora, perdió toda autoridad moral la alternativa soviética y sólo quedó en pie la via electoral.

Así es como se pueden contar las cosas y el proceso es archiconocido. Pero hubo algo más, una tercera vía, la de Rosa Luxemburg. Arendt afirma de Rosa Luxemburg que no tuvo éxito ni en su vida, ni en su muerte, ni después de su muerte y que su fracaso está vinculado al fracaso de la revolución en el siglo XX. Le doy la razón a Hannah Arendt: Rosa Luxemburg criticó desde el principio el bolchevismo, no le gustaba la posición de Lenin ante la Primera Guerra Mundial, tampoco le parecía bien que la revolución se realizara desde el partido bolchevique y no desde una mayoría revolucionaria; pero no podía soportar las medias tintas, la cobardía y la defensa de la vida tranquila del parlamentarismo socialdemócrata.

Rosa Luxemburg no era una teórica de la revolución, sino una activista que sacaba conclusiones de la práctica. Y tenía algunas ideas claras. Una de ellas era que las guerras son masacres odiosos, incluso si favorecen la llegada de un período revolucionario. Y otra, que las guerras podían y debían ser evitadas por el pueblo, si toma conciencia de lo que son. Y alertó continuamente acerca de lo que significaba para un partido socialista su propia obsesión en el ganar, paso a paso, cada vez más adeptos y más votos: la dirección de un partido así se va separando de la gente, del pueblo, de las masas, justamente porque sus preocupaciones acaban por ser totalmente ajenas a las de la gente normal.

Cuando Simone Weil dice que los partidos políticos son como iglesias está denunciando  una tipología sociológica particular. Hoy en día la llamamos “casta”, en otro tiempo fue señalada como “burocracia”. Paradójicamente los partidos socialdemócratas siguen hoy inconscientemente un modelo leninista: sus cúpulas directivas ofician de sacerdotes. Pero como los sacerdotes son tan humanos como el resto de los humanos, aun cuando entiendan que su papel es el de luchar por un interés público y general, además poseen intereses más privados y particulares ligados a sus vidas personales. Cuando Rosa Luxemburg clamaba contra la desmovilización de las huelgas que llevaba a cabo el Partido Social Democrático alemán (SPD), ya era consciente de que Kautsky y los suyos estaban atrincherándose en una postura cómoda: la que garantizaba que sus vidas permanecieran inalteradas en el remanso del parlamentarismo, tanto si su partido ganaba como si perdía las elecciones. Haberse puesto a la cabeza de las huelgas en 1918 hubiera sido aceptar un proceso constituyente nuevo e incierto, que sin duda habría cambiado las condiciones de vida de los parlamentarios, tanto de derechas como de izquierdas.

Creo que va siendo hora de retomar la tercera vía y darle una oportunidad: crear una mayoría social que quiera cambiar las bases de nuestra convivencia, sin violencia, e impedir que vuelvan a formarse partidos-iglesias, partidos leninistas que ocupan permanentemente el parlamento y los gobiernos.

NOTA SOBRE LOS GRILLINI.

La realidad política está cambiando continuamente en Italia. Después de lo que escribí en el último post acerca del desconocimiento que tenían los “grillini” (“Movimento 5 stelle”) de lo que es la mediación, las cosas están en otro punto. Para la Presidencia de la República han presentado un candidato magnífico: Stefano Rodotà. Rodotà no es del “Movimiento 5 stelle”, los ha criticado;  y es un constitucionalista, de izquierdas, laico, que no pertenece a la casta. Mientras hacían esta propuesta, ofreciendo por primera vez un acuerdo a la izquierda del Partido Democrático (PD), este, a través de su secretario general Bersani, llegaba a un apaño, chanchullo o componenda con Berlusconi proponiendo a Marini, católico y hombre de la casta. El escándalo llegó hasta en las filas del PD, que se escindió en la primera votación.  ¿Por qué demonios, se pregunta todo el mundo, Bersani no ha aceptado el primer acuerdo que los grillini por fin proponían? Mientras Bersani parece anclado en sí mismo y en su pasado, los grillini evolucionan (y espero que a mejor). La evolución es siempre una muestra de vitalidad. De momento ya están en sintonía con millones de italianos que quieren que la casta desaparezca.

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2 respuestas a La sombra del leninismo (y una nota sobre los “grillini”)

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