Reforma, no. ¡Revolución! (3)

La clave son los profesores. Sí, ya sé que las familias y la comunidad juegan un papel fundamental. “Educa el ambiente”, Dewey dixit, y la escuela es un ambiente, no el único, en el que se desarrolla la vida de niños y jóvenes pero, de entre todos los ambientes, para muchísimos de ellos, el determinante. En esa experiencia todo sucede entre ellos y sus profes. Una revolución en la enseñanza tiene que cambiar la selección del profesorado.

Va por delante que últimamente me he encontrado profesores estupendos, por ejemplo, los del instituto “Antoni Llidó” de Xàbia, y algunos otros de esa comarca. Profesores entusiastas con su tarea, llenos de iniciativas y de ganas de enseñar, dolidos por el trato que institucionalmente reciben, pero inasequibles al desaliento. Sin poder ofrecer un dato numérico, digamos que me he encontrado también, en mi vida profesional, muchos profesores descontentos con el hecho de serlo, enemigos de sus alumnos, aferrados al libro de texto, amenazando continuamente con las calificaciones para obtener un silencio bronco. O sea profesores que no deberían serlo.

Las oposiciones no sirven para seleccionar a los mejores. Son inútiles desde el punto de vista de las competencias científicas en la materia correspondiente, ya que todos los que nos hemos presentado a oposiciones habíamos previamente aprobado la carrera. Si los profesores de Universidad han dado su visto bueno, ¿qué puede añadir un tribunal de oposiciones?

Para evaluar las capacidades como profesor, no de esto o de aquello, sino simplemente como profesor, las oposiciones incluyen un temario de didáctica. ¡Genial! ¿Cuántos ciudadanos se pondrían en manos de un cirujano que hubiera estudiado en un libro lo que es el cuerpo humano? Pues eso es lo que hacemos en la escuela: ponemos a nuestros hijos en manos de personas que han estudiado en teoría cómo hay que enseñar.

Hay que saber, saber enseñar y tener ganas. Para saber, está la Universidad. Tener ganas es una opción personal. Saber enseñar se aprende en la práctica. Pues nada más fácil si hubiera voluntad de cambiar de verdad las cosas en la enseñanza: seleccionar por expediente académico a los aspirantes a profesores y ponerlos como profesores en prácticas a cargo de un buen profesor con experiencia, uno o dos años, por ejemplo. Durante ese período el profesor en prácticas sigue al profesor veterano en todas sus tareas, y las discute con él. En algunas ocasiones participa de esas tareas. Al final del tiempo de prácticas, el profesor veterano emite un informe.

Las ventajas para el aspirante son indiscutibles, pero para el veterano también las hay. Esa dedicación a la formación de aspirantes a profesores constituiría una cierta culminación de su carrera profesional, una manera de obtener la satisfacción que proporciona saber que lo que se ha aprendido durante toda una vida puede ser un legado para los más jóvenes.

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Una respuesta a Reforma, no. ¡Revolución! (3)

  1. Lola dijo:

    Con la selección academica yo nunca hubiera sido profesora (no hubiese sido seleccionada) y estoy muy contenta de haberlo sido durante 35 años ¿buena o no? eso es harina de otro costal (trigo o maíz, al gusto). No es fácil. He conocido profesores/as magníficos/as cuyo expediente académico fue desastroso. Recuerdo del curso de filosofía para profanos la diferencia entre pensamiento y conocimiento ¿?

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